Tarot de la Isla

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sábado, 13 de junio de 2009

EKEKO ;TALISMAN DE LA BUENA SUERTE


La Fiesta de las Alasitas se festeja principalmente en la ciudad de
La Paz, constituye la más importante muestra artesanal de la ciudad, son dos semanas y media de miniaturas, juegos de azar, comidas y tradición.


se realiza el 24 de enero, al inicio del solsticio de verano y se prolonga oficialmente hasta el 4 de febrero,

aunque generalmente permanece hasta fines de ese mes..



Mercado en La Paz- Bolivia Sebastián Segurola,

gobernador e intendente de La Paz dispuso el año 1781 que se realice este festejo en homenaje a quien salvó a la ciudad del asedio indígena,

y así fue ordenada la fiesta del mercado de miniatura,

costumbre que los indios traían desde de los antiguos collas.



En el Cerro Santa Bárbara conocido antes como el Cerro del Calvario es donde ahora se realiza esta feria,

allí los brujos aymaras,

detentaban el negocio de la venta de medicinas,

hechizos, sahumerios y se mezclaban cultos religiosos y superstición,

allí se simulaba la compra de terrenos donde los nuevos propietarios construían sus casitas con piedritas,

se celebraban matrimonios, se adquirían diferentes artículos y esta práctica era motivo de la Ch'alla con cerveza y licores,

celebrando el acontecimiento y pidiendo la protección de la Pachamama.


La Alasita, voz aymara que significa comprame,

no es exclusiva de Santa Bárbara,

durante muchos años la zona de la plaza de San Pedro la albergó,

y todo el barrio se convertía en feria.



La plaza de Churubamba y la avenida Montes también la cobijaron,

hasta que, por el crecimiento de la ciudad y de su parque automotor se decidió reponerla a la zona Santa Bárbara.



El campo utilizado para este propósito se extiende en todo lo que era el zoológico de La Paz, sigue por las calles que lo circundan,

la avenida del Ejército, la calle Roosevelt y toma por algunos días la plaza Alfredo Domínguez, en el atrio del Teatro al Aire Libre y el Parque del Scout.


La feria se celebra en honor al Ekeko,

un ídolo familiar aymara que simboliza la fecundidad, la alegría,

la abundancia y la prosperidad.



Se trata de un personaje rechoncho y sonriente que se va cargado de una variedad de productos en miniatura,

de primera necesidad y también otros,

que simbolizan lo que cada persona ansía obtener como casas,

vehículos, dinero, etc.


El motivo original religioso, fue transformándose en una devoción profundamente arraigada hacia el antiguo Dios de la Abundancia,

el Ekeko.
Por un momento,



las personas dejan de lado sus actividades y preocupaciones cotidianas y salen a las calles para comprar las representaciones de sus sueños y luego ofrendan sus nuevas pertenencias a este dios de la abundancia y a los santos.




Durante esta celebración el tiempo parece detenerse,

aunque paradójicamente la ciudad está más conmocionada que de costumbre.



Es natural, el dios de la abundancia está llegando como cada año y trae una carga de fortuna para los que creen en él.




La fe es tal y las necesidades tantas, que el campo ferial ya no es el único lugar de reunión para quienes salen de sus casas y oficinas llevando aquellas miniaturas que representan sus máximas aspiraciones materiales.




El Ekeko es un muñeco de terracota que puede presentarse en varios tamaños, pero que generalmente tiene alrededor de 20 cm de altura.



Representa a un hombre con las típicas vestiduras de la región andina,

de su cuerpo cuelgan pequeñas bolsitas, que a modo de alforjas contienen cereales, tabaco y billetes enrollados.



El poseedor del Ekeko puede agregar nuevas ofrendas en miniatura que se colgarán de la estatuilla o se ubicarán a su lado,

representando aquello que se desea obtener.



Era considerado por los antiguos collas como el dios de la fortuna y la prosperidad, según las creencias este ídolo se encargaba de traer al hogar fortuna y alegría, además ahuyentaba las desgracias,

debía ser el compañero inseparable de la familia.



Pero también se cree que es vengativo, ya que si no se le presta atención castiga quitando todo lo que su dueño tiene o con enfermedades, una de las formas de rendirle culto, y para lograr los favores solicitados, hay que hacer "fumar" al Ekeko en el momento en que se pone el objeto, la figura presenta un hueco en la zona donde debería estar la boca,

y es allí donde debe colocarse un cigarrillo encendido.



Si el deseo o pedido es aceptado,

del cigarrillo saldrá humo como si realmente el Ekeko fumara.



En ese marco, todo lo que uno quiere poseer en el año se compra en Alasitas, además de objetos en miniatura:



casas pequeñas, bolsas de arroz,

de azúcar, fideos, pan,

se pueden adquirir artesanías en mimbre,

barro, madera, ropa de alpaca,

vicuña, instrumentos musicales.



Por el principio de la magia imaginativa,

la gente del campo adquirirá con preferencia,

figuras de animales, vacunos, ovinos,

llamas y aves, camiones, camionetas, bicicletas;



que representaban las necesidades de su entorno,

en cambio, se prepara para los vecinos de las ciudades: casas,

edificios, artículos de construcción, palas, ladrillos, celulares y dinero,

para ello ya se imprimen bolivianos, dólares y euros.

Entre los pobladores antiguos, la fiesta del Ekeko se realizaba en el solsticio de verano, reunían de sus cosechas los elementos más extraños,

si alguien no los tenía debía recoger piedras con formas raras para cambiarlas por objetos, nadie podía negarse al intercambio.



Al haberse reintroducido esta fiesta donde los indios practicaban el intercambio de objetos pequeños por monedas,

se reestableció paulatinamente este culto,

donde el Ekeko debe conseguirse ya sea regalado o robado,

jamás comprado, ya que los sueños nunca se compran con dinero y cada viernes o cada martes hay que colocar un cigarrillo encendido en su boca, si este se mantiene encendido hasta el final, los sueños se harán realidad.


Tal vez el origen de esta tradición en el Altiplano, en la región sur de los Andes, donde la comparten Perú y Bolivia, alrededor del Lago Titicaca, se remonte a aquellos comerciantes españoles que viajaban solitarios por todo el país, visitando los pueblitos y llevando consigo diversas mercancías para intercambiarlas por productos locales.



Muchas de estas mercancías eran productos totalmente inútiles para los indios, chucherías, pero constituían símbolos procedentes de un mundo dominante.



En cierta forma estos viajeros blancos representaban también sueños hechos realidad a través de productos que venían de lugares lejanos, así el viejo comerciante español se fue convirtiendo en un símbolo de buena suerte y felicidad.


Durante la Colonia, los Ekekos se fabricaron en oro y plata,

también en estaño y cobre, actualmente se hacen en yeso o arcilla,

pero a pesar de lo humilde de estos últimos materiales,

este ídolo ha extendido su influencia a otras regiones andinas y costeñas y continúa llevando felicidad a la gente que cree en él.


Quien lo posea, se sentirá más confiado para conseguir lo que necesita y podrá creer que este amuleto le ha de proporcionar dinero,

trabajo, alegría y especialmente mucha esperanza.

En los tiempos difíciles que vivimos esta ayuda es generalmente muy buscada

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